
Estamos tan acostumbrados a hacer ciertas cosas que ni sabemos cómo se llaman, ni entendemos sus alcances, ni nos interesan. Sin embargo, la reflexión y los matices precisos de un escolástico como Tomás de Aquino, a quien festejamos este 28 de enero, pueden ayudarnos a descubrir los alcances de lo que pareciera inofensivo y a evitar los «descuidos de la lengua» (S.Th. II–II q.73 a.3 resp.).

La polarización entre posturas distintas ante la realidad, ya sea ésta política, social, deportiva o religiosa, no es algo exclusivo de nuestra época. El enfrentarse a lo diferente con descalificaciones, chismes e intrigas, tampoco.