
Las guerras no sólo se enfrentan con armas, sino también con ideas, creencias y símbolos. En ese contexto, la religión atraviesa el conflicto e influye en la forma en que se vive y se entiende. En una región como Medio Oriente, donde lo religioso forma parte de la vida cotidiana y de la historia misma, su papel dentro de la guerra resulta complejo y, en muchos casos, fundamental.

Comenzó el año con un hecho extraordinario que, según los responsables del destino nacional, abre «un nuevo momento político». Que este momento sea definido solo por la acción externa sería renunciar a las posibilidades que esta abre y, a la vez, abandonar al acaso la agencia política de los venezolanos. La responsabilidad de una restauración democrática, hoy incierta, no descansa solo en el liderazgo, sino también en la sociedad entera.

Entre la apatía y la participación, la vida pública se sucede sin cesar. ¿Cómo hacer frente a esta complejidad que se agolpa a veces con expresión de imposibilidad de hacer?