
En la entrega anterior veíamos que la jerarquía, por su propia naturaleza o esencia, no escapa de la delimitación y administración del desarrollo ajeno, aun cuando este modelo esté gestionado por líderes o grupos reducidos humanistas con una misión y objetivos loables preestablecidos.

A lo largo del primer período del Concilio se fue generando la conciencia de que el esquema sobre la Iglesia tendría que ocupar un lugar central.