
Dice el padre Francisco de Florencia, cronista de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, de Gonzalo de Tapia, misionero jesuita en Sinaloa, quien vivió la muerte y el martirio en esta provincia de la Nueva España.

Después de más de 30 horas de viaje que comenzaron en la Ciudad de México, el 1 de noviembre de 2021 llegué a Argel; era el tiempo de la pandemia y cualquier viaje se convertía en toda una odisea. Con gran alegría los jesuitas me esperaban en el aeropuerto, pues hacía ya algunos años sin que un jesuita nuevo se integrara en esta misión, finalmente había llegado.

Llegué al hospital y sus padres, hermanos e hijos estaban desconsolados. No existen palabras adecuadas en esos momentos cuando el dolor taladra hasta lo impensado del ser humano.