
Hemos oído hablar tanto sobre el amor que, al ser un tema tan noble, corre el riesgo de perder su belleza y convertirse en algo desgastado y vulgar. El cine, la literatura y hoy las redes sociales han contribuido a difundir toda clase de comentarios y opiniones que, en vez de iluminar, siembran confusión por su calidad tan pobre. Lo sorprendente es encontrar en la Biblia, un escrito dedicado al amor humano, y que haya sido reconocido como inspirado por Dios, El cantar de los cantares.

En el horizonte de la dynamis (fuerza) neotestamentaria, el agape se muestra como una realidad portadora de energía, que comunica fuerza e imprime movimiento. El amor verdadero no es sólo interior, privado, sino exterior y visible.

El Mandamiento del amor aparece en los llamados Discursos de Despedida (Jn 13,34 y 15,12.17), en un momento de cumplimiento, pero también de dramatismo, teniendo delante los horrores de la pasión, ya inminente.

Puesto que el tema del “amor” es muy amplio, sería demasiado pretencioso, buscando su significado, pretender abarcar el panorama bíblico, y ni siquiera el Nuevo Testamento. Es necesario circunscribirlo en los límites que exige la naturaleza de este escrito.