
En estas fechas la liturgia nos invita a saber esperar y a saber reconocer el nacimiento de Aquél a quien se espera, del Dios que quiere encarnarse por puro Amor, porque reconoce que así es como se puede redimir la humanidad. Sin embargo, en estos tiempos que vivimos, ‘esperar algo’ parece prácticamente imposible, ya no tenemos la costumbre de esperar.