
la clave de esta propuesta es la entrega o el darse: Dios creó el universo por medio de su Palabra (Jn 1,3) que luego, ese mismo Verbo (el logos de Dios) se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14) en la Persona de Jesús quien en la cruz entregó su Espíritu (Jn 19,30) de nuevo al Padre, para que en Pentecostés lo recibamos nosotros de parte del Padre y del Hijo glorificado.

Hoy en día, cuando nuestra atención está puesta en las redes sociales, vivimos totalmente atomizados por lo que sucede en nuestro entorno más cercano, pero también por lo que sucede del otro lado del mundo. Esto ocasiona un doble mal: o dejamos entrar al miedo por lo que pasa afuera o dejamos que nos domine la indiferencia.