
Hoy en día, cuando nuestra atención está puesta en las redes sociales, vivimos totalmente atomizados por lo que sucede en nuestro entorno más cercano, pero también por lo que sucede del otro lado del mundo. Esto ocasiona un doble mal: o dejamos entrar al miedo por lo que pasa afuera o dejamos que nos domine la indiferencia.

El milagro supone una mirada atenta de parte del que mira —o mejor contempla— la gran trama cotidiana. Mirar los pájaros es abrirnos al milagro, poner atención en aquello que está ahí pero que espera ser visto.

San Ignacio de Loyola nos invita a conocer internamente a Jesús, a dejarlo que entre en nuestro corazón y se convierta en alguien a quien no podemos renunciar. Solo desde un amor sincero, una profunda amistad y una alegría auténtica por los demás, brota el deseo de seguimiento de Jesús.

El Examen (Ejercicios Espirituales, 43) y el uso de la imaginación en las Contemplaciones ignacianas (110-114) son dos canales eficaces para cultivar una mayor conciencia de la presencia de Dios en la vida interior.