
Éste es el tercero de una serie de ocho cuentos que se irán publicando cada dos meses, cuyo hilo conductor es Filo, un personaje originario de un barrio bravo de Tijuana: cholo, converso y buscador, quien eventualmente llegará a vivir a un país musulmán.

Cuando era niño, Filo vivió un tiempo en Los Ángeles, en casa de sus tíos Óscar y Margarita, quienes se dedicaban a vender elotes en la placita Olvera, en el mero corazón de la ciudad.

El Centro Cultural Universitario (CCU) de Argel, en Argelia, desde su fundación en 1962 es dirigido por los jesuitas en colaboración con otras congregaciones y laicos argelinos.

Aquel día el sol se asomaba, derritiendo los techos de lámina del barrio en la Tijuana profunda. Filo, vestido al estilo cholo, con su camiseta de vato loco, sus pantalones Dickies y los ojos pasmados por el humo, estaba sentado sobre la banqueta, recargado contra la pared de la casa de su tía Chayo.

Al inicio de mis veintitantos trabajé como valet parking en un restaurante de moda en la ciudad de Guadalajara. Allí, en la calle, conocí a mi amigo el Rol, un joven que vivía y trabajaba en la calle lavando autos y haciendo mandados.

Después de más de 30 horas de viaje que comenzaron en la Ciudad de México, el 1 de noviembre de 2021 llegué a Argel; era el tiempo de la pandemia y cualquier viaje se convertía en toda una odisea. Con gran alegría los jesuitas me esperaban en el aeropuerto, pues hacía ya algunos años sin que un jesuita nuevo se integrara en esta misión, finalmente había llegado.

Argelia es un país del norte de África que forma parte de la gran comunidad de países árabes, en los cuales el islam es la religión más practicada entre su población. Es importante señalar que, de manera minoritaria, en muchos de dichos países se practican otras religiones.