
La Iglesia en su totalidad, como comunidad de fieles, pueblo de Dios, que comparte la fe en Jesucristo resucitado, ha sido considerada siempre el gran sacramento de la gracia y de la salvación en el mundo. Así como Cristo es el sacramento del Padre, la Iglesia es sacramento de Cristo, por la fe en el Señor presente. ¿Y los siete sacramentos?

En el encuentro múltiple de las manifestaciones del mundo, el ser humano no se siente neutral: las juzga, las valora, las interpreta, las integra.

Constituyen un tratado especial en el conjunto de los estudios teológicos.

En esta tercera y última entrega sobre el análisis de la Palabra Encarnada en los textos bíblicos de Juan nos adentramos en los signos característicos que el autor nos ofrece para contemplar la «Palabra en movimiento».

En este segundo análisis, dejamos de lado las anotaciones exegéticas para centrarnos en los encuentros y acciones, tratando de descubrir la misión de la Palabra a lo largo de su paso por nuestra historia.

A la época actual se le ha descrito como un tiempo de «rápida decadencia de credibilidad del mensaje cristiano, ante todo, en las naciones industrializadas occidentales», como lo plantea el teólogo alemán Johannes Beutler.

Todos hemos disfrutado de la fragancia de un perfume fino. Nos cautiva su percepción, cuando pasa una persona que lo lleva. «¿Qué perfume es éste?», preguntamos. Y quien lo porta, responde con orgullo, y menciona el nombre del perfume.

No es raro encontrar en los textos bíblicos, y en los mismos Evangelios, frases que llaman la atención, por su carácter misterioso, y son considerabas ‘enigmáticas’, que no se comprenden en una primera lectura.

Una naturaleza primaveral, de jardines en flor, sirve de fondo al desarrollo del amor de los dos. En el simbolismo de la naturaleza leemos no sólo un valor poético, sino teológico, y más si está inscrito en su contexto bíblico. La belleza del cuerpo del amado o de la amada está integrada en una belleza más grande: la de La Creación. Tampoco faltan las tinieblas, como en la creación: los momentos negativos del amor son subrayados por la noche (en los dos «nocturnos»: Cant 3,1–4 y 5,2–8).

Teniendo en cuenta su contexto bíblico, pareciera que el Cantar de los Cantares fuera un desarrollo del Génesis (2,18–25).