
En el inmenso panteón de la mitología moderna, donde los cómics han suplantado a las epopeyas homéricas y las películas de superhéroes cumplen la función litúrgica de los antiguos dramas sagrados, Superman se erige como la figura teológica central.

La pregunta existencial más inquietante no es «¿Existe Dios?». Ésta es una cuestión teórica que pertenece a los debates de la metafísica y la apologética. Más bien, la pregunta vivencial y urgente es: «¿Dónde está Dios aquí y ahora?».

Para entender cómo vemos a Dios actualmente debemos reconocer primero el tránsito de la trascendencia a la inmanencia radical. Durante milenios Dios fue el «Otro Totalmente Otro» (como lo definía Rudolf Otto), una entidad separada de la creación que exigía obediencia y temor reverencial. Hoy esa brecha se ha cerrado: el Dios contemporáneo ya no habita en las alturas inaccesibles, sino en la profundidad del «Yo».