
Con sus reglas de discernimiento, san Ignacio nos quiere dar una colección de “leyes” válidas en toda ocasión y que nos ayuden para decidir si una moción es buena, para llevarla a cabo, o mala, para desecharla. También están encaminadas a proteger mi libertad de corazón

Recordemos que en el discernimiento, a la hora de evaluar una moción, a la par que su contenido (la invitación concreta a la que nos sentimos convidados a responder), es fundamental tomar en cuenta el estado de ánimo que la acompaña.

Las mociones que vienen de Dios no nos separan de la realidad de forma alienante, sino que nos envían y restituyen a ella como mensajeros de la Buena Noticia.

Las mociones pueden ser buenas o malas. Su cualidad se reconoce por lo que sugieren, pero, sobre todo, por lo que decantan anímicamente: claridad + quietud + alegría (consolación) y, en el polo opuesto, confusión + turbación + tristeza (desolación)

La materia de nuestras mociones son pensamientos acompañados de imaginación, fantasía, o contenidos actualizados de nuestra memoria. Y cuando se nos presentan afectan nuestro estado de ánimo, mejorándolo o empeorándolo

Ignacio nos presenta un breve método para elegir lo mejor posible.

Hay que recordar en todo momento que el ordenar nuestras afecciones es una gracia de Dios.

En anteriores entregas comentamos que los Ejercicios Espirituales de san Ignacio son una didáctica espiritual para reconocer nuestra identidad personal en Cristo y vivirla a plenitud.

En esta ocasión queremos presentar tres grupos de carismas que tienen que ver con el discernimiento de los espíritus, el servicio y el cuidado de la comunidad y la evangelización o la transmisión de la fe.

Todas las personas reciben uno o más carismas. Los carismas permanentes deben ser descubiertos y desarrollados, como lo hacemos con los talentos naturales.