
Las mociones pueden ser buenas o malas. Su cualidad se reconoce por lo que sugieren, pero, sobre todo, por lo que decantan anímicamente: claridad + quietud + alegría (consolación) y, en el polo opuesto, confusión + turbación + tristeza (desolación)

La materia de nuestras mociones son pensamientos acompañados de imaginación, fantasía, o contenidos actualizados de nuestra memoria. Y cuando se nos presentan afectan nuestro estado de ánimo, mejorándolo o empeorándolo

Ignacio nos presenta un breve método para elegir lo mejor posible.

Hay que recordar en todo momento que el ordenar nuestras afecciones es una gracia de Dios.

En anteriores entregas comentamos que los Ejercicios Espirituales de san Ignacio son una didáctica espiritual para reconocer nuestra identidad personal en Cristo y vivirla a plenitud.

En esta ocasión queremos presentar tres grupos de carismas que tienen que ver con el discernimiento de los espíritus, el servicio y el cuidado de la comunidad y la evangelización o la transmisión de la fe.

Todas las personas reciben uno o más carismas. Los carismas permanentes deben ser descubiertos y desarrollados, como lo hacemos con los talentos naturales.

Amar y existir son lo mismo en Dios. Estamos llamados a aprender experiencial y procesalmente eso en este mundo por medio de la entrega por amor de los dones que Dios nos ha confiado.

Cada ser humano ha recibido como propia una faceta del misterio de Jesucristo. Nadie puede pretender tener en sí todas sus características: hay que prestar atención a aquellas que nos dinamizan para concretar el amor.

Ya comentamos que existe un grupo de autores que considera que el fruto principal de los Ejercicios Espirituales es encontrar y elegir la vocación personal.